martes, 22 de enero de 2013

Habitaciones separadas.

¿Recordais la última entrada? En ella os hablaba de cuando era joven e inocente y decidí que el camino a seguir era el del corazón. Fue en ese momento cuando pasé a ser un "kamikaze", un kamikaze enamorado...

Ha vuelto a ocurrir. Me he vuelto a "jugar la vida a pares o nones por fulanita de tal"(1), y el resultado a sido tan demoledor como siempre. ¿Queréis un consejo? Nunca os ilusionéis por una persona que os diga que sois el amor perfecto para ella. Al menos no si ella es la misma persona que está saliendo con alguien que no eres tú.   

¿Sabéis lo peor, y lo que realmente odio? Como a veces son capaces de dar la vuelta a todo. La forma en que llegan a hacerse la víctima sobre una situación cuyo dueño de la llave para el cambio son ellos mismos. Y sin embargo consiguen hacerte sentir a ti el culpable. Como si no tuvieras suficiente dolor cuando permites que decida lo que crea mejor para si misma, respetando ante todo su felicidad y ayudando a que esta llegue a ser plena (aunque esto sea incompatible con la tuya propia y casi siempre te acabe haciendo sentir como si te utilizaran).

Es entonces cuando vuelves a la cruda realidad. Te sientes como un viajero herido que carga una mochila, donde en ausencia del amor y la ilusión, ya tan solo quedan dos cosas. Soledad y libertad.

Y te das cuenta de la sabiduría de ese viajero herido, que sabe:

Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.
Tiempo de habitaciones separadas.(2)


(1) Joaquín Sabina - Vinagre y rosas.
(2) Luis Garcia Montero - Habitaciones separadas.



miércoles, 16 de enero de 2013

He dejado de creer en los milagros.

"A veces se me olvida que sólo soy espectador". A veces la ilusión, la creencia, incluso una fe ciega por algunas personas te hacen despegar los pies del suelo y creer que puedes volar. "A veces las canciones se convierten en ceniza".

Ya hace años decidí que, el estar en la cuerda floja, el pensar que puedo volar a pesar de la ausencia de alas, el creer hasta el último momento en todos los imposibles habidos y por haber, pasaría a formar parte de mi forma de vivir.

Me pareció tan noble aquello de hacer caso al corazón... Y por aquel entonces nadie me habló de las consecuencias( si lo hicieron era demasiado joven como para hacer caso a algo que pudiera impedir mis propósitos)... que caí en el error de enamorarme.

Es bonito el instante en que crees que encuentras a "LA PERSONA", comienzas a creer en ella, en sus promesas. Crees en esa persona ¿acaso no hay motivos para hacerlo? ¿acaso el amor no es suficiente como para perdonar cada vez que incumple una de sus promesas? ¿acaso no aprendiste a pensar que puedes volar?

Pues no amigo, te equivocabas, en ese momento esa persona desaparece como un huracán, destrozándote a ti y todo lo que puede mientras huye de tu vida dejándote a oscuras. Dejando atrás todas esas promesas rotas, todo lo que juró...

Y dudas de todo, y se clava en ti porque todo te parecía tan real. Y es entonces cuando maldices tantas promesas, tantos "para siempre". Y dejas de creer en todo eso, en cualquier persona que se pueda atrever a pronunciar palabras similares. Dejas de buscar que te prometan amor eterno para tratar de encontrar alguien que tan solo te jure que CADA momento vivido ha sido algo REAL. Tratando de evitar que si algún día esa persona desaparece, a la amargura de esa ruptura se sume la amargura de no saber si lo que has vivido ha sido una mentira.

Llegando al pensamiento último de saber que no hay nadie para ti. Y que aunque te consideres alguien romántico, que daría lo que fuese por la persona a quien quiere, debes dejar de creer en el amor. Debes dejar de creer en los milagros...

lunes, 7 de enero de 2013

Capitán de su calle.

¿Feliz 2013? Quizá para vosotros...
Yo al fin entendí como funcionan las cosas, o al menos en mi vida.

Uno tiene tendencias suicidas a tratar de ser bueno con la gente que quiere. Tendencias suicidas a creer sus palabras, a interpretar como buenos sus gestos, dejar pasar sus faltas o fallos. Piensas que existe una magia en la tierra, y un equilibrio por el cual si tu eres bueno eso te retornará.

Con el paso de los años he aprendido a odiar la mentira, hasta pasar a convertirse en una de las pocas cosas que soy incapaz de perdonar. Pero ahora, hoy, se que también me odio a mi. Por eso llevo veintiún años engañándome con todo aquello del Karma, la magia y el equilibrio. Haciendo conmigo lo que mas odio, mentirme.

Ya no se que es peor, que me creyese mis propias mentiras, o que me creyese las vuestras. Esas que hacían sentir especial, único, (reiros de mi si queréis) un príncipe.

Duele saber que eso que te estaba curando, esas personas que creías que te sanaban de ese mal mayor que tratabas de superar en tu vida, no pretendían curarte, tan solo aprovecharse de ti para su propio uso y disfrute.

Que cuando crees que todo mejora, que estas consiguiendo tus objetivos, te den un hachazo en tus alas y caigas de nuevo de bruces sobre el asfalto.

¿Esperabais mas? Al fin y al cabo jamás pasaré de capitán de mi calle.


"Y, aunque nadie daba un duro por él
se volcaba tanto en los detalles
que sin llegar a nada llegó a ser
el capitán de su calle."

(Joaquín Sabina)