No, no te puedo olvidar.
No, no te puedo borrar.
Tú me enseñaste a querer.Me enseñaste a bailar.
No, no te puedo olvidar.
No, no te puedo borrar.
Tú me enseñaste a querer.A medio camino, entre el infierno y el cielo.
¿Será el purgatorio que pretende pulgar todos mis pecados?
¿Acaso mis pecados pueden ser espiados?
No lo sé. Solo sé que la suerte parecía que podía volver a sonreír. ¿Pero qué es la suerte? Para mí es esa que dicta que si se cree y se trabaja: se puede.
Sin embargo, justo ahora, cuando todo parecía que volvía a ilusionar, se trunca. ¿Sabes la de horas que he pasado planeando este proyecto? Mi cabeza saltaba de idea en idea, trazaba cada camino, cada hito.
Volvía a ser ese yo, ese que tú conoces y que se desvive, se emociona, se ilusiona. Ese que crea, que aprende en cada paso, que disfruta del camino y de la compañía. Ese que inspira y que influye.
Todo eso estaba en el plan, en un futuro que ya rozaba con la punta de los dedos. Que era mi motivación cada mañana, a pesar de la dificultad del momento actual, porque proyectaba un futuro lleno de emociones buenas. Porque dejaba entre paréntesis este desierto de los últimos años y daba comienzo a una etapa de grandeza.
Y de repente… todo estalla en mil pedazos.
¿Y a pesar de todo, por qué parece que la sonrisa se haya convertido en una mueca? ¿Que las risas parecen convertirse en sollozos?
¿Que ha pasado? ¿No lo he sabido leer correctamente? ¿Me he saboteado por no creerme merecedor de todo ello por todo el daño que te hice? Quizá solo es el destino, que me sigue castigando, que me sigue diciendo que por mucho que crea que he aprendido aún no he pagado todo el dolor, todos los errores.
Repaso una y otra vez, y no logro encontrar cuál de las señales entendí mal. Todo era más fácil contigo, me dabas paz, equilibrio, alegría y esperanza.
Una vez más, los miedos que tengo me arañan por dentro, y tu no ayudas a olvidar el por qué.
¿Y ahora qué?