No se si lo recuerdas.
Yo si.
Cada minuto que estuvimos ahí, contemplando la belleza, como si el mundo, la naturaleza, estuviese a nuestros pies.
Me gustaba viajar contigo. Me costaba, pero una vez en el viaje era bonito descubrir lugares juntos. Aprovechar cualquier momento para abrazarnos, o para comer en paz como hicimos en esa roca.
¿Sabes? Este verano volví allí, subí a los lagos. Pero había una niebla inmensa, como si una fuerza superior a todos nosotros quisiera que no pudiese volver a ver ese lugar. Como si el universo conspirase para que los últimos recuerdos de allí siguiesen siendo nuestros, y no solo míos.
Traté de encontrar esa roca, nuestra roca, pero me fue imposible entre la bruma.
Aún así, pude volver a ese lugar con nuestros recuerdos, nuestras fotos.
Yo comí empanada, y tu jamón. Nos rodeaban las vacas y era una postal idílica.
Ahora no puedo terminar este post, porque no sé cómo hacerlo. Es imposible explicar todo lo que tengo dentro, solo puedo hacerlo con un abrazo, y sigues sin estar aquí. Me invaden las lágrimas. Espero que estés bien.

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