Dicen que amar es el sentimiento más supremo que puede experimentar una persona. Amar es deseo de unión, es reciprocidad, es completarse con la otra persona, alegría mutua, energía para convivir para comunicarse y crear.
En el amor disfrutamos, compartimos, y vivimos los mejores momentos. El amor nos da fuerza, confianza, nos guía y protege.
Pero para mí amar también significa compromiso, entrega, sacrificio, respeto, pasión, paciencia, admiración.
El amor es magia, pero también es entrega. Es darlo todo de corazón, abrir tus puertas de par en par, y dejarte guiar por lo más profundo de ti. Pasión, pero no solo la pasión carnal, sino la pasión diaria, la que te empuja a sorprender, a cuidar. Ser el ángel de la guarda de la otra persona en sus momentos buenos y malos. Desear verle, abrazarle a cada momento. Buscar siempre una excusa para poder pasar tiempo juntos. Hacer locuras, regalar sonrisas. Que cualquier plan sepa a poco comparado con estar entre sus brazos. Que cuando sabes que el otro sufre, aliviar su dolor se convierta en tu necesidad por encima de todo.
Ser capaz de lo que sea por hacer a la otra persona feliz. Encontrar el momento de ceder, de complacer y ser generoso.
El amor es un suspiro, es locura, es darlo todo para que nunca mañana sea demasiado tarde. El amor te empuja, y te da fuerzas, te hace sobreponerte, llegar a ser capaz de cosas que jamás hubieses imaginado. El amor duele, pero también tiene los mayores poderes curativos que jamás se hayan conocido. Por amor se va al otro extremo del mundo, se habla hasta las tantas de la mañana, se cogen taxis, trenes, aviones. Se corre, se lucha, abraza. Porque amar, sin arriesgar, luchar, y sin locura, no es amor.
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