Eras mi suerte, jamás me sentí solo cuando estabas tú. Lo imposible se hacía posible, me hacías más fuerte, sumabas a cada uno de mis sueños, de mis deseos.
Sin embargo ninguno de esos bonitos recuerdos es capaz de ahogar el dolor, mi dolor. Y es que sé que yo no siempre fui ese apoyo que mereciste. Si pudiera volver atrás, te prestaría mis alas para que volases más alto, sería tu aliento, tu apoyo. Te haría sentir invencible y capaz de conseguir todo lo que te propusieses.
Me equivoqué en muchas cosas, pero no permitiré que este hastío pase por mi vida sin ganar. Y es que a pesar de perder, he ganado mucho como persona, he aprendido que a veces la victoria no es ganar, sino que la otra persona gane. Que no hay que volar siempre juntos, basta con volar en sintonía, y la vida os irá juntando siempre que sea necesario. Que la felicidad del otro no radica únicamente en vuestro sueño y vida, que existen otros sueños, y tu puedes ser parte de ellos animando, y ayudando a que estos se hagan realidad. Y no por ello dejas de ser protagonista.
Y es por eso que sigo aquí, amándote en el silencio. Porque en parte es lo último que me queda, pero por otra parte soy feliz de cumplir con tu último deseo.
No por eso no creas que no muero por escribirte cada vez que sospecho que me visitas aquí. Pero aguardo a que tengas un nuevo deseo, el deseo de tenerme en tu vida, y así lo manifiestes.
Mientras tanto aquí seguiré, aprendiendo, luchando, como te dije hace ya más de un año en uno de estos post tratando de ser mejor persona por mi, pero también por ti. Y es que cada noche doy un pequeño tirón a ese lazo rojo. Reconozco que al principio tiraba sin sentido, y sin un orden. Pero ahora ya no, cada pequeño tirón lo hago con mimo, doblando ese lazo de la mejor manera posible. Porque al fin y al cabo lo importante no es el final, lo importante es el camino.

No hay comentarios:
Publicar un comentario