Dejo el té a medias, y siempre lo terminas.
Y cuando dejas un recado, yo siempre lo olvido.
¿quién me iba a decir a mí, que todo esto existiría?
Déjame ser tu refugio,
déjame que yo te ayudo,
aguantémonos la vida.
Te recuerdo si lo olvidas:
que hemos crecido peleando,
y sin quererlo nos gustamos.
¿Cuántas cosas han pasado?
Que ya no hay miedo, ya no hay miedo, de decir:
Te amo.
Ojalá tenerte aquí secando mis lágrimas. Ojalá tu abrazo, tu calma, reír juntos, comer. Echarnos en la cama con toda nuestra gente. Despertarnos al rato nerviosos, con ganas de llegar a Illescas y de disfrutar del concierto.
No lo voy a negar, estoy aquí ansioso de recibir un mensaje tuyo que me diga que a las 20:00 pasas a buscarme.
También sé que no va a llegar, sé que va a ser una tarde larga, y una noche amarga. Que a las 22:00 me pondré el concierto de Pablo en la TV, y qué cerraré los ojos imaginando que estamos juntos en Illescas. Que imaginaré que te canto al oido, y me cantas, que te abrazo, que subimos los brazos e iluminamos toda la plaza.
Sé que hoy habrá llanto, pero ahora, justo ahora, aún guardo la esperanza. Cuando analizo lo que siento, como actuó, te veo a ti hace unos meses cuando todo esto nos arrolló. Supongo que aquellos meses que viví desconectado, ahora están llegando, y vivo un sentimiento compartido, pero desalineado en el tiempo. Para bien o para mal yo pude verlo y estar en cierta medida contigo, aunque estuviese ciego. Yo ahora sin embargo...
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