A veces, me descubro distraído imaginándote.
En el camino del coche, paseando, mientras trabajo,
o con cualquier simple tarea del día a día,
como si mi cuerpo permaneciese quieto
pero mi mente solo quisiera sintonizarse contigo…
Te pienso, son recuerdos, tu sonrisa,
la silueta de tus dientes, que tanta ternura me da,
tu forma de mirarme a través del espejo cada mañana.
Te invento,
fantaseando con nuestro próximo beso cuando todo esto pase:
me sacas la lengua, y te la muerdo.
A veces simplemente nos veo charlar de nuestro día,
pasear al sol y compartir nuestro tiempo.
Te siento, como si tú mano aún cogiera la mía,
como si estuviese encima de mi regazo mientras conduzco,
como si estuvieses tumbada en mis piernas,
el calor de nuestros abrazos,
el sudor tras fundir nuestros cuerpos en uno solo.
Te escucho, siento tu voz,
cantamos juntos en mi mente todas las canciones de Pablito.
En esos momentos nuestro amor es fuerte,
un amor capaz de vencer cualquier prueba,
de superar el tiempo, el espacio, la distancia y sobreponerse.
Esa fuerza me hace creer, sentir que transitamos por el camino correcto.
Entender la situación, aceptarla, y querer darte lo que necesitas.
Pero con solo un segundo, todo tiembla y se desmorona.
Tu sonrisa se apaga, los besos se alejan, tu voz tan solo es un susurro.
Paso a transitar entre tinieblas...
Me odio,
por no haber sabido demostrarte que te quiero,
por el daño infligido,
por desperdiciar todas y cada una de las oportunidades.
Por las mentiras,
por el orgullo,
por todo.
En esos momentos siento que he perdido el amor de mi vida,
que no conseguiré nada quedándome inmóvil viendo como te alejas,
que jamás querrás volver a este, nuestro hogar.
Dejo de entender todo, y nada a la vez, me cuestiono por qué te alejas.
En esos momento no comprendo por que alejarte de mi te salvará,
ni por qué del resto no te alejas en la misma medida.
¿Se supone que debo actuar como si ya no existieses en el mundo?
Entonces la razón toma de nuevo el control,
me devuelve a lo racional, y siempre acabo creyendo.
Saber qué existes, pensarte cada día, priorizar tus deseos,
tus necesidades, y escapar de los míos. ¿Acaso hay mayor prueba de amor que eso?
Te doy la libertad para que vuelvas a mi cuando puedas,
lo decidas,
lo desees.
Y es que detrás de todas estas nubes está la luz.
La luz del brillo de tus ojos.
La luz de nuestro amor puro e incondicional.
La luz que nos fundirá en un abrazo del que ya nunca nadie podrá separarnos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario