lunes, 18 de septiembre de 2023

Viaje a ningún lado (la cápsula del tiempo)

 (Publicación original 5 de junio de 2023 - Rescatada de la cápsula del tiempo)

Pues aquí comienza un nuevo viaje. Son las 4:25 AM y me dirijo en un taxi al Aeropuerto de Barajas. No te dejo atrás, porque te llevo en mi piel, en mi corazón, en mi mente. Voy temeroso, porque sé que será un camino difícil, solitario….


Vamos por la A4, en dirección a la M40. Hay un coche, un Audi que se ha chocado con la mediana, nada grave, pero me resulta la metáfora perfecta de cómo me siento ahora mismo. Sin dirección, sin rumbo, como si mis ruedas patinasen y pudiese chocarme en cualquier momento. 


Me faltas tú, mi directora de orquesta. Pero ahora soy consciente de que no volverás a estar nunca más. 


Avanzamos por la M40, a ratos siento valentía, nervioso por el nuevo camino, pero a la vez me pregunto con curiosidad a donde me llevarán mis pasos… ya estoy en el aeropuerto. Continuaré en el avión, me esperan unas largas horas de viaje. 

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Acabo de sentarme en la sala de espera del aeropuerto, Terminal 2, puerta E78. Los nervios afloran, pero pasan mejor al beber un poco de agua. Ahora mismo no se describir como me siento, tal ves desorientado es la palabra. Supongo que es una mezcla de sueño, y de que mi faro, que eres tú, ya no luce. Estoy en la oscuridad total, hace frío y tengo miedo. Llevo 10 años sin viajar sin que tú estés en mi vida, la mayoría de veces acompañándome físicamente, el resto, al otro lado del teléfono. Pero el teléfono ahora mismo me quema en las manos, porque no estás, y ha llegado el momento de no buscarte más, de no esperarte más. 


Sin duda, el no ir al concierto de Pablo juntos el sábado ha supuesto un punto de inflexión. Supongo que era de esperar, pero también sabes que soy de aguardar con esperanza hasta cuando todo parece perdido. Supongo que me acostumbré a tener tu suerte en mi vida, pero esa suerte desapareció contigo. 


5:50, hora de embarcar. 

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Ahora estoy en mitad de Europa, cogiendo el vuelo que me lleva a su vez a otro aeropuerto, donde volveré a coger otro vuelo. Dos escalas, decenas de miles de kilómetros, y aún así no hay manera de sacarte de mi ser. Creí que la distancia atenuaría este vacío que siento, este dolor, esta tristeza, pero por el momento estaba equivocado. 


A bordo de este segundo vuelo, me siento algo más tranquilo, pero no voy a engañar a nadie, solo es la calma que precede a la tempestad, una tempestad que hace y deshace a su antojo. 


De nada sirve ya el pensarlo, de nada sirve la nostalgia, de nada sirve perderse en lo que pudo ser y lo que nunca será. Pero me permitiré un rato más, tan solo un pequeño momento, creer que en este vuelo estás sentada a mi derecha, que volamos juntos a todas las ciudades a las que ya nunca jamas iremos. Que volverán a ver nuestro amor aquellas que ya lo conocieron. 


Hora de despegar, ¿en que maldito momento encontré la cuenta donde subes ahora tus canciones? Escuchar tu voz me calma, pero es una tortura, y una bomba de relojería a largo plazo. 


Se me empiezan a cerrar los ojos mientras el avión se dirige a la pista de despegue, y fantaseo con la posibilidad de no volver a aterrizar. Pero no puedo hacerme eso, ni a mi, ni a la gente que si me quiere en su vida. 


Es el momento de dejar de escribir, hasta pronto siempre amor mío. 



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