Hoy te he visto, y hemos hablado.
Estabas serena, tu mirada tranquila,
parecías feliz de poder saludarme.
Nos hemos abrazado,
hemos llorado juntos.
Eran lagrimas de felicidad,
como quien vuelve a casa de un viaje largo
y se siente de nuevo tranquilo en la paz de su hogar.
La conversación ha sido lenta,
pero cada palabra parecía acercar nuestros corazones.
Tu has sacado tu mano del bolsillo,
y de ella colgaba la pulsera que te regalé.
“Siempre de tu mano”, te he gritado alegremente.
Hemos vuelto a viajar a todos esos lugares
que han tenido la suerte de conocer nuestro amor.
Nos hemos acurrucado,
sentimos alivio.
Yo apoyado en tu pecho he escuchado el latir de tu corazón:
“No te pares nunca”, he susurrado.
Y poco a poco nuestros ojos se han cerrado,
con la tranquilidad de quien se siente seguro.
Hoy te he visto, y hemos hablado,
hemos curado y sanado.
Nos hemos prometido no volver a separarnos,
querernos y respetarnos.
Solo que hoy ya no es ayer,
y he despertado en la mañana con tu ausencia.
No he podido volver a mi sueño,
pero si fantasear con nuestro recuerdo,
e inventar recuerdos nuevos.
Me he prometido cuidarte,
soñarte, pensarte, y no olvidar nunca
que eres luz, aliento y camino.
Ayer, hoy y siempre, te echo de menos,
nos echo de menos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario